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Un flujo bioquímico para un equipo profesional: qué marcador medir cada día del microciclo, durante los viajes y en un torneo, quién interpreta el resultado y cómo se decide la carga
Dos revisiones publicadas este mes aclararon qué indican la creatina quinasa, la mioglobina, el cortisol y la troponina en el deporte profesional. Este artículo reúne esos cuatro marcadores y los análisis renales y de hidratación que los acompañan en un único flujo: qué prueba hacer cada día del microciclo, qué cambia en un desplazamiento o durante un torneo, quién interpreta cada resultado y cómo una cifra se convierte en una decisión sobre el entrenamiento del día siguiente. Se basa en estudios revisados por pares de 2023 a 2026, dos marcos de seguimiento publicados en 2026 y fuentes públicas sobre cómo utilizan hoy los análisis de sangre los clubes y las federaciones.
Por Klinogicare® ResearchPublicado el 4 de noviembre de 202640 min de lectura · 72 referenciasCitar este artículo
Mensajes clave
Un marcador sanguíneo solo resulta útil cuando se han fijado tres elementos: el valor basal propio del deportista a partir de varias muestras en días de descanso, un protocolo único de toma de muestras (misma hora, misma matriz y mismo dispositivo) y una regla escrita sobre qué hacer ante una desviación. Los intervalos de referencia individualizados redujeron el error en las decisiones de recuperación basadas en CK de aproximadamente dos tercios a una quinta parte en 161 futbolistas profesionales.
El microciclo es la unidad de planificación. La mioglobina responde a la pregunta de la mañana siguiente al partido; la creatina quinasa, a las de los días uno a tres; el cortisol, a las del bloque y el mes; y la troponina solo a una cuestión clínica. En calendarios congestionados, la CK el día del partido fue de 309 frente a 220 U/L en jugadores de selecciones juveniles de élite cuando el encuentro anterior había sido menos de tres días antes, y la capacidad de generar fuerza rápidamente en los isquiotibiales aún no se había recuperado a las 72 horas.
Los desplazamientos, los torneos y el calor añaden dos preguntas que el microciclo no plantea: hidratación y riñón. Tras correr con calor, el sodio sérico y la osmolalidad detectaron con alta precisión una pérdida del 2 % de masa corporal, mientras que los índices urinarios y la sed tuvieron una utilidad limitada. En una cohorte de Oslo de 136 pacientes con rabdomiólisis, los cinco que desarrollaron lesión renal ya presentaban creatinina elevada al ingreso.
Un valor aislado nunca decide. La decisión corresponde a una breve reunión en la que el médico, el fisiólogo y el cuerpo técnico interpretan la tendencia frente al valor basal junto con la carga GPS y el cuestionario de bienestar. Es el protocolo, y no la voz más fuerte, el que define qué significan verde, ámbar y rojo.
Resumen científico y base de evidencia
Resumen
Antecedentes. Nuestro artículo de mayo de 2026 explicó por qué los marcadores bioquímicos forman parte de la gestión de cargas; las revisiones de noviembre de 2026 mostraron qué miden la creatina quinasa (CK), la mioglobina, el cortisol y la troponina cardíaca, y en qué escala temporal. Faltaba el flujo de trabajo: cómo un departamento médico y de rendimiento convierte esos marcadores, junto con creatinina, urea, electrolitos y enzimas musculares de un panel de química clínica, en decisiones a lo largo de una semana de competición, un desplazamiento y un torneo.
Base de evidencia. Una búsqueda en PubMed sobre marcos de seguimiento del deportista, bioquímica del microciclo y de calendarios congestionados, intervalos de referencia individualizados, hidratación y marcadores renales, pruebas en el punto de atención, retorno al juego y sobrecarga funcional (overreaching) encontró 1.209 registros de 2023–2026 en doce consultas. Se citan 62 estudios, además de fuentes públicas de clubes, federaciones y prensa deportiva.
Resultados. Dos marcos de 2026 coinciden en el mismo diseño: el seguimiento consiste en mediciones repetidas que se comparan con un valor basal propio del deportista mediante umbrales basados en la distribución; ningún biomarcador por sí solo distingue la sobrecarga productiva de la recuperación tardía. Los intervalos individualizados de CK y urea redujeron el error de clasificación del 64–67 % al 19–21 % en 161 futbolistas profesionales; los intervalos individuales adaptativos superaron a los estáticos en una plantilla de la Premier League. La CK del segundo día después del partido no identificó futuras lesiones musculares en 1.656 participaciones de jugadores (AUC 0,557), pero reflejó la congestión: 309 frente a 220 U/L el día del partido en 188 jugadores de selecciones juveniles de élite, con valores a las 24 y 48 horas de 678 y 395 U/L tras una secuencia congestionada. En una cohorte de élite la CK se aproximó al valor previo al partido a las 72 horas y en otra siguió por encima del basal, más tarde aún en los jugadores con más aceleraciones y desaceleraciones; la producción rápida de fuerza de los isquiotibiales y el transcriptoma del bíceps femoral seguían alterados a las 72 horas. En juego simulado, 120 minutos elevaron la CK a las 24 horas a 455 frente a 299 U/L después de 90 minutos y la mantuvieron elevada a las 72 horas; dos encuentros de 120 minutos separados por tres días dejaron el glucógeno sin reponer y redujeron el rendimiento. En 38 deportistas deshidratados al correr con calor, el sodio y la osmolalidad séricos identificaron una pérdida del 2 % de masa corporal con áreas bajo la curva de 0,87 y 0,91, mientras que los índices urinarios y la sed tuvieron una utilidad limitada; deportistas de equipo que bebieron libremente seguían hipohidratados 20 horas después de una carrera intermitente. En una cohorte de 136 pacientes con rabdomiólisis de esfuerzo, los cinco que desarrollaron lesión renal tenían creatinina elevada al ingreso, y una relación mioglobina/CK de 0,48 o más fue muy específica para el riesgo; los casos asociados al calor presentaron CK más baja que los debidos solo al esfuerzo, y las nueve lesiones renales de una cohorte militar fueron prerrenales.
Conclusión práctica. Un protocolo, dos analizadores compactos, cuatro preguntas. Establecer el valor basal en pretemporada con al menos tres muestras en días de descanso por marcador; medir mioglobina la mañana después del partido en los jugadores con dolor, CK en el primer y segundo día de recuperación, cortisol a una hora fija al despertar a lo largo del bloque y el panel renal al llegar de un viaje, con calor y siempre que la CK esté en miles. Expresar cada resultado como cambio respecto al valor basal del deportista, interpretarlo con los datos GPS y de bienestar en una reunión programada y actuar según reglas escritas de verde, ámbar y rojo. La troponina, la rabdomiólisis y el retorno al juego siguen siendo decisiones médicas.
Palabras clave: seguimiento de deportistas; marcadores bioquímicos; creatina quinasa; mioglobina; cortisol; intervalos de referencia individualizados; microciclo; calendario congestionado; hidratación; rabdomiólisis de esfuerzo; pruebas en el punto de atención; deporte profesional de equipo.
Sección 01Tres revisiones, una pieza ausente: por qué hace falta un flujo de trabajo
Cada revisión terminó con las mismas reglas prácticas: un valor basal individual obtenido de varias mediciones en reposo, condiciones de muestreo siempre iguales y una tendencia en lugar de una cifra aislada. Ninguna, sin embargo, integró los marcadores en un mismo calendario. Un departamento médico no ejecuta un programa de CK el lunes y otro de cortisol el jueves. Acompaña una temporada: un microciclo competitivo que se repite cada semana, desplazamientos que alteran la rutina, torneos que comprimen tres partidos en una semana y unas pocas urgencias médicas que aparecen sin aviso. Este artículo explica cómo encajan los marcadores en ese calendario y quién hace qué con el resultado.
El momento no es casual. Dos marcos publicados en 2026 describen precisamente este problema desde la investigación. Una revisión narrativa en Sports Medicine (Rebelo et al., 2026) distingue la evaluación, una medición periódica, del seguimiento, una recogida repetida y sistemática para observar cambios en el tiempo. Considera la disposición para entrenar un indicador diario de los efectos del entrenamiento que solo tiene sentido en una serie longitudinal y en su contexto; propone un criterio mínimo, adecuado y preciso (Minimal, Adequate and Accurate) para elegir herramientas y aplica el seguimiento individual mediante valores basales propios y umbrales basados en la distribución, como intervalos de desviación estándar y el cambio mínimo detectable. Otra revisión en International Journal of Molecular Sciences (Mănescu et al., 2026) define cada biomarcador por molécula, matriz, momento y decisión. Concluye que ningún marcador aislado separa la remodelación productiva de la recuperación tardía, la tensión tisular o la desadaptación temprana, y sostiene que pequeños paneles escalonados en el tiempo sirven mejor a las decisiones que los marcadores aislados. Según sus autores, la química clásica sigue siendo útil para tareas acotadas, especialmente la tensión tisular tardía y la reactividad al estrés. Son las tareas que afronta un equipo cada semana.
Los problemas ya estaban catalogados en 2023. La revisión de Haller y sus colegas en Sports Medicine enumeró las condiciones preanalíticas, las diferencias entre individuos y la carga crónica del deportista como factores que modifican los valores en reposo; la estadística de un cambio mínimo relevante suele ignorarse; sin niveles de referencia individuales, los cambios son difíciles de interpretar. Los autores utilizaron la CK para mostrar las limitaciones de un marcador consolidado en la gestión de cargas cuando faltan esas condiciones. El flujo siguiente se diseñó para cumplirlas.
Una definición más antes del calendario. Un equipo puede obtener un resultado sanguíneo en diez minutos y aun así perder el momento en que importa, porque los marcadores responden a preguntas distintas en momentos distintos. Por ello, la unidad útil del seguimiento no es la muestra ni el marcador, sino la decisión: qué deben decidir hoy los equipos médico y de rendimiento y qué resultado podría modificar esa decisión. Cada sección empieza por la decisión y retrocede hasta la prueba.
Sección 02Dos instrumentos, dos familias de marcadores, cuatro preguntas
Las preguntas bioquímicas de un equipo profesional se agrupan en cuatro, y los marcadores que las responden pertenecen a dos clases de instrumentos. La química clínica, con discos de panel microfluídicos y una muestra por disco, cubre enzimas y metabolitos: creatina quinasa, lactato deshidrogenasa y aspartato aminotransferasa para el músculo; creatinina, urea y ácido úrico para el riñón y el metabolismo proteico; sodio, potasio y cloruro para el equilibrio de líquidos; glucosa y el panel lipídico para el metabolismo energético. El inmunoensayo, con discos de un solo uso para un marcador por vez, cubre proteínas y la hormona: mioglobina, cortisol, troponina I de alta sensibilidad y troponina T. La tabla 1 presenta las preguntas y quién actúa ante cada una.
Tabla 1. Dos instrumentos, los marcadores y las cuatro preguntas
Marcador
Instrumento
Pregunta que responde
Ventana de muestreo
Quién actúa
Creatina quinasa (CK), con LDH y AST
Disco de química clínica, panel de urgencias
¿Cuánto se aparta el músculo de su propio patrón después del partido? ¿Se acumula la carga del calendario?
MD+1 y MD+2; MD+3 para jugadores señalados
Fisiólogo con el cuerpo técnico; médico si la CK está en miles
Mioglobina
Disco de inmunoensayo
¿El dolor de esta mañana requiere pruebas de imagen por sospecha de distensión muscular? Junto con CK y creatinina: ¿se trata de rabdomiólisis?
La mañana siguiente al partido, en jugadores con dolor; el mismo día ante cualquier CK en miles
El fisioterapeuta la solicita; el médico decide
Cortisol
Disco de inmunoensayo
¿Cómo soporta el eje del estrés el bloque, el viaje y el mes?
Hora fija al despertar en una mañana de descanso a mitad de semana; siempre a la misma hora
Fisiólogo y médico, junto con el cuestionario de bienestar
Urea y ácido úrico
Disco de química clínica, panel general (ácido úrico también en el de urgencias)
Catabolismo proteico y carga semanal; deshidratación al interpretarlos con creatinina
Mañana de descanso a mitad de semana; al llegar de un viaje
Fisiólogo y nutricionista
Creatinina
Disco de química clínica, panel de urgencias o general
Función renal e hidratación; primera cifra tras una CK en miles
Viajes, calor, cualquier sospecha de rabdomiólisis
Médico y nutricionista
Sodio, potasio, cloruro
Disco de química clínica, panel de urgencias
Equilibrio de líquidos. Tras correr con calor, el sodio detectó una deshidratación del 2 % mientras que los índices urinarios y la sed tuvieron una utilidad limitada; después de un vuelo se interpreta junto con la masa corporal y los valores previos del jugador
Calor, viajes largos, torneos
Nutricionista y médico
Glucosa, lípidos, proteínas
Disco de química clínica, panel general
Disponibilidad energética y controles de salud ocasionales
Al menos 48 horas después de un ejercicio intenso, unas pocas veces por temporada
Médico y nutricionista
Troponina cardíaca I o T
Disco de inmunoensayo
¿Ha liberado proteínas el corazón y el patrón de isoformas indica lesión o artefacto?
Solo ante una cuestión clínica
Solo el médico, con ECG e imagen
La primera pregunta ya la plantea cualquier club: ¿ha terminado el músculo de reparar la última carga? La CK es el marcador de referencia para saber cuánto se aparta el músculo de su propio patrón tras el partido, acompañada por LDH y AST, más lentas y menos específicas; la disposición del jugador se decide con pruebas funcionales y exploración. En 25 futbolistas juveniles de élite seguidos durante tres meses con un sistema de posicionamiento local (Haller et al., Scientific Reports, 2026), la LDH se correlacionó con la carga de entrenamiento cualquiera que fuera su método de cálculo y la CK con la relación entre carga aguda y crónica. En 26 remeros profesionales durante seis semanas (Dai et al., Journal of Sports Science and Medicine, 2025), la CK se correlacionó con la carga semanal por RPE de sesión, la monotonía y la exigencia, con r = 0,50–0,60, y la urea sanguínea con r = 0,40–0,44. La segunda pregunta llegó este año con la mioglobina: ¿el dolor de esta mañana es una distensión muscular o agujetas (dolor muscular de aparición tardía), y se aproxima alguien a una rabdomiólisis? La tercera es hormonal: ¿cómo soporta todo el organismo el bloque, los viajes y la temporada? Se compara el cortisol con el valor basal propio al despertar, junto con la urea como marcador de catabolismo proteico y la relación testosterona/cortisol cuando se dispone de testosterona. La cuarta es médica: ¿hay una señal de alarma en el riñón, la hidratación o el corazón? Creatinina, urea, sodio y potasio proceden del disco de química; la troponina, del inmunoensayo que solicita el médico.
Los mismos marcadores aparecen en las fuentes públicas sobre las pruebas que hacen los clubes. Una revisión de julio de 2026 sobre pruebas en el punto de atención en el fútbol de élite enumeró lactato, CK, proteína C reactiva, hidratación, gases sanguíneos, electrolitos y glucosa entre las mediciones realizadas in situ, mientras situó las hormonas en el laboratorio central. Un informe de Training Ground Guru de diciembre de 2025 describió un panel capilar el primer y segundo día tras los partidos, junto con un panel venoso de 50 marcadores cuatro o cinco veces por temporada. El flujo de este artículo conserva esa estructura —un panel pequeño frecuente y otro grande ocasional— y traslada las pruebas hormonales y proteicas del laboratorio a la sala de tratamiento.
Sección 03El valor basal individual: cómo establecerlo y cuándo confiar en un cambio
Todos los marcadores de la tabla 1 tienen un intervalo de referencia poblacional. Para seguir la respuesta de un deportista a la carga, ese intervalo no es el criterio adecuado: lo es su propio valor basal. Para las señales médicas de alarma de la sección 07 siguen vigentes los límites clínicos de decisión para electrolitos, función renal y troponina cardíaca. La razón de la primera parte es la relación entre la variación dentro de una persona y entre personas. En 30 deportistas muestreados mensualmente durante once meses (Beumer Prieto et al., Clinical Chemistry and Laboratory Medicine, 2025), mioglobina y CK-MB eran mayores en hombres que en mujeres; la actividad física en las 24 horas previas alteró mioglobina, CK-MB y troponina I de alta sensibilidad, y las estimaciones de variación biológica mostraron una marcada individualidad. En 30 triatletas muestreados con el mismo calendario para marcadores de crecimiento y metabolismo del Pasaporte Biológico del Deportista (Moreno-Parro et al., Clinical Chemistry, 2024), el índice de individualidad fue inferior a 0,6 para todas las variables salvo la insulina; un índice inferior a 0,6 es el criterio formal para interpretar un marcador mediante valores de cambio de referencia y no con un intervalo poblacional. La CK es el caso extremo: su variación después del ejercicio depende del tipo e intensidad, del sexo, de la composición corporal y de la biología intraindividual e interindividual (Radišić Biljak et al., Biochemia Medica, 2025). Un estudio genómico de 482 deportistas de invierno encontró 102 polimorfismos de un solo nucleótido asociados al nivel de CK y una distribución no normal con gran variabilidad individual (Mei et al., Gene, 2026).
La evidencia del beneficio de individualizar es directa. En 161 futbolistas profesionales alemanes seguidos en las temporadas 2015–2017 (Skorski et al., European Journal of Sport Science, 2023), la CK y la urea se midieron después de un día libre, estado recuperado, y después de al menos dos sesiones exigentes en 48 horas, estado no recuperado. Clasificar la recuperación con el intervalo individual produjo errores del 21 % en la decisión de «prueba superada» (test-pass) y del 19 % en la de «prueba no superada» (test-fail); un intervalo poblacional produjo el 67 % y el 64 %, y un umbral obtenido de la propia plantilla, el 65 % y el 67 %. La misma lógica se aplicó a una plantilla de la Premier League con un marcador inflamatorio en el punto de atención durante 2019–2020 (Daniels et al., Biomarkers, 2025): los intervalos adaptativos individualizados detectaron mejor las anomalías reales que los intervalos poblacionales estáticos, especialmente cuando la variación dentro del jugador era mucho menor que entre jugadores. Los autores marcaron una frontera que todos los equipos deberían adoptar: estos intervalos son una alerta temprana, no una herramienta diagnóstica.
La manera de construir el valor basal determina si es fiable. De la literatura de 2023–2026 y del marco BASE publicado en Metabolites en 2026 (Muñoz-López et al.) se desprenden cuatro reglas: valor basal individual, estandarización analítica, contexto específico del deporte y evidencia de cambio funcional.
De tres a cinco muestras en días de descanso por marcador, en pretemporada o en las primeras semanas sin congestión; más para los marcadores que más varían. La respuesta del cortisol al despertar mostró poca estabilidad entre días en 29 jugadores de rugby de élite muestreados en cuatro mañanas consecutivas (Crewther et al., Biology of Sport, 2025). Por ello, una sola mañana no establece un valor basal y el cortisol necesita más mañanas que la creatinina. Lo mismo ocurre con la CK después de un día libre: una cifra es un punto, tres forman una distribución.
La misma hora, la misma matriz y el mismo dispositivo. El cortisol alcanza sus valores más altos entre las 08:00 y las 08:45 en adultos de 18–35 años (Arslan y Hoffmann, Clinical Chemistry and Laboratory Medicine, 2026), y disminuye a lo largo del día. El plasma capilar y el suero venoso no ofrecen cifras intercambiables: en 37 adultos muestreados en lóbulo de la oreja y vena antes y después de una prueba máxima en cinta (Reichel et al., European Journal of Applied Physiology, 2023), la mayoría de los marcadores subieron en ambos compartimentos, pero la concordancia varió de buena a débil según la proteína. Si un equipo alterna entre dedo y vena, o entre dos instrumentos, interpretará una diferencia de procedimiento como un cambio del deportista.
Un umbral definido por la dispersión propia del deportista. Rebelo y sus colegas recomiendan umbrales basados en distribuciones: un valor que supere un número establecido de desviaciones estándar respecto al basal propio, o el cambio mínimo detectable del método. Una puntuación z sencilla —la desviación respecto a la media basal dividida por la desviación estándar basal— basta para un semáforo y es transparente para los entrenadores.
Una línea de contexto que acompaña a cada muestra. Fecha y hora; tipo de muestra e instrumento; último partido o sesión exigente; posición y minutos; contacto inusual o carga excéntrica; sueño y viaje; enfermedad y medicación; alimentación e hidratación cuando corresponda; síntomas; y la pregunta que la muestra debe responder. En las deportistas, el ciclo menstrual pertenece a esa misma línea: las recomendaciones de 2024 para el fútbol femenino (Beato et al., International Journal of Sports Physiology and Performance) lo consideran parte del seguimiento de la disposición y no una variable molesta. Una muestra tomada a las 09:00 en casa una semana y otra tomada a las 09:00 después de cruzar seis husos horarios la siguiente corresponden a condiciones distintas para el cortisol; la línea lo hace visible.
Una revisión de un especialista de laboratorio sobre seguimiento de deportistas (Dupont, Annales de Biologie Clinique, 2026) añade la regla para el panel grande ocasional: la sangre para un control de salud debe extraerse al menos 48 horas después de un ejercicio intenso; la interpretación debe considerar disciplina, carga y tiempo desde la última sesión. En ausencia de recomendaciones universales, el seguimiento debe ser individualizado. Ese es el valor basal: todo lo que sigue es una desviación respecto a él.
Sección 04El microciclo: qué marcador medir cada día
En un deporte de equipo, el microciclo competitivo va de un partido al siguiente: normalmente siete días, a veces tres o cuatro. Cada marcador sigue una cinética que determina el día en que aporta información (figura 1), y el plan de la tabla 2 se desprende de esos perfiles.
Ventanas ilustrativas de los marcadores después de un partido
Marcador
Sube
Máximo
Se aproxima al basal
Mioglobina
en 1–2 h
aproximadamente en 2–4 h
16–48 h
Creatina quinasa
durante el primer día
24–48 h
72 h o más tarde
Cortisol
durante el partido
desde el final hasta 30 min después
24–48 h
Troponina cardíaca
en cuestión de horas
3–6 h
24–72 h
Figura 1. Ventanas ilustrativas después de un partido de competición: cuándo sube cada marcador, alcanza su máximo y se aproxima al valor basal del deportista. Las barras muestran cursos típicos, no tiempos de autorización para un jugador concreto. Mioglobina: Saita et al., 2023, y Du et al., 2026; creatina quinasa: Garcia-Unanue et al., 2024, Schuth et al., 2026, y Bernatík et al., 2026; cortisol: Du et al., 2026, y nuestra revisión de noviembre de 2026; troponina cardíaca: Stekelenburg et al., 2026. La cinética individual varía según la exigencia del partido, la condición física y el deportista.
Primer día después del partido. La mioglobina ya ha alcanzado su máximo y está bajando. En 15 futbolistas profesionales muestreados en la yema del dedo antes de un partido y a las 2, 16 y 40 horas (Saita et al., Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, 2023), la mioglobina subió claramente a las 2 horas y volvió al basal a las 16; se relacionó con el número de aceleraciones y desaceleraciones más que con la distancia. La CK está subiendo hacia su máximo de 24–48 horas. En 22 jugadores de campo de élite muestreados en sangre capilar alrededor de un partido estandarizado de 90 minutos (Du et al., Metabolites, 2026), IL-6 y cortisol subieron inmediatamente después, mientras que CK, LDH, mioglobina y dolor muscular alcanzaron su máximo más tarde y seguían por encima del basal a las 48 horas. El salto y el esprint se habían recuperado a las 48 horas, pero la contracción voluntaria máxima alcanzó su peor valor a las 24. Por ello, la mañana siguiente al partido es el momento de analizar a los jugadores que refieren dolor muscular: en profesionales con dolor, una mioglobina matutina superior a unos 60 ng/mL tuvo un odds ratio (OR) de 32 para una distensión confirmada por RM (Saita et al., 2025). Un valor superior en un jugador con dolor es una razón sólida para que el médico solicite pruebas de imagen ese mismo día. Un valor inferior no excluye una distensión; decide la exploración.
Segundo día después del partido. La CK está en su máximo o cerca de él, y es el día en que más clubes toman muestras. Dos hallazgos de 2024 delimitan lo que la cifra puede y no puede hacer. En 80 futbolistas profesionales seguidos durante cuatro temporadas, 1.656 participaciones de jugadores y 229 lesiones musculares (Tamujo et al., The Physician and Sportsmedicine, 2024), la CK del segundo día después del partido era mayor antes de las lesiones, 783 frente a 688 U/L; pero con una sensibilidad del 56 %, una especificidad del 55 % y un área bajo la curva de 0,557 no servía para detectar lesiones de los cinco días siguientes. La CK en MD+2 es un marcador de recuperación, no una prueba de lesión. El valor de ese día sí reflejó la congestión: en 188 jugadores de selecciones juveniles de élite, edad media 16,5 años, y 2.489 mediciones (Schuth et al., Biology of Sport, 2026), la CK al día siguiente fue de 678 U/L si el jugador había disputado al menos 60 minutos en los tres días previos y de 487 U/L si no; dos días después, 395 frente a 303 U/L.
Tercer día después del partido. Es el día en que se espera que la CK se aproxime al valor previo al partido, aunque muchas veces no lo hace. En 17 futbolistas de élite medidos el día del partido y a las 24, 48 y 72 horas de cada encuentro (Garcia-Unanue et al., Sensors, 2024), la CK a las 72 horas era casi igual a la previa y la exigencia del entrenamiento subió en MD+3; quienes habían tenido menos acciones de alta intensidad mostraron la mayor reducción de CK y quienes más aceleraron y desaceleraron necesitaron los tres días completos. En 37 jugadores juveniles de élite la CK seguía por encima del basal a las 72 horas de un amistoso (Bernatík et al., 2026). La fuerza rápida de los isquiotibiales tarda más: en 19 futbolistas (Cosio et al., European Journal of Applied Physiology, 2025), la tasa temprana de desarrollo de torque a 50 y 100 ms seguía sin recuperarse en MD+3 aunque el torque isométrico máximo ya se había recuperado. En un estudio de biopsias del mismo grupo, el transcriptoma del bíceps femoral seguía alterado en MD+3 (Cosio et al., Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports, 2026). Una CK normal en MD+3 indica que la señal metabólica se ha estabilizado; no autoriza por sí sola el trabajo de esprint ni demuestra la recuperación del isquiotibial.
A mitad de semana. Aquí corresponde el cortisol, medido a una hora fija al despertar y comparado con el mes, no con un día aislado. En 24 futbolistas profesionales muestreados en microciclos comparables de la primera y segunda mitad de una temporada (Curzi et al., PLoS One, 2024), la carga crónica de 28 días se correlacionó con el cortisol (r = 0,45) y de forma inversa con la relación testosterona/cortisol (r = −0,59); la carga aguda de siete días no. La urea cambia en la misma escala: en los remeros siguió la carga semanal, la monotonía y la exigencia. El cortisol y la urea de una mañana de descanso a mitad de semana muestran el estrés del bloque.
Día anterior al partido y día del partido. Ningún análisis rutinario de sangre. En 190 deportistas de élite, la respuesta de cortisol al despertar supuso, de media, una subida del 82 % en una mañana de competición frente al 25 % en una mañana de descanso (Jiménez et al., Psychoneuroendocrinology, 2026). Una muestra de cortisol del día del partido refleja la anticipación de la competición y no puede interpretarse como una medida de recuperación; la CK antes del encuentro no añade información a la que el entrenador ya tiene de la semana.
Dos advertencias completan la semana. Primero, la parte subjetiva no es opcional. En 16 jugadores profesionales de balonmano (Henze et al., International Journal of Sports Physiology and Performance, 2024), los apartados de estrés físico y recuperación de la Short Recovery and Stress Scale distinguieron las mañanas en estado recuperado de las mañanas sin recuperación completa y variaron junto con la CK; en la cohorte juvenil de élite de Haller, los cuestionarios mostraron asociaciones con la carga más fuertes y constantes que los biomarcadores. El análisis de sangre se justifica al detectar lo que el cuestionario omite: el jugador que se siente bien pero no lo está, y al dar al médico una cifra cuando el jugador no se siente bien. Segundo, el formato del entrenamiento cambia la cinética. En 36 jugadores de baloncesto (Zhu, Journal of Sports Science and Medicine, 2026), los juegos reducidos orientados a anotar elevaron la CK salival, el dolor muscular y el déficit de fuerza reactiva durante 48 horas más que los juegos de posesión; una sesión excéntrica intensa en MD+3 vuelve a poner el reloj en marcha.
Tabla 2. Plan del microciclo: qué prueba hacer cada día
Día
Análisis de sangre
Interpretar junto con
Decisión que orienta
Día del partido +1
Mioglobina para jugadores con dolor; CK para la plantilla en una semana congestionada
Minutos jugados, aceleraciones y desaceleraciones, puntuación de dolor muscular
Valoración médica y decisión sobre pruebas de imagen si se sospecha distensión; quién entrena suave
Día del partido +2
CK para la plantilla (o jugadores con más de 60 minutos)
Puntuación z respecto a la distribución MD+2 propia, cuestionario de bienestar
Contenido de la primera sesión exigente; quién queda fuera del bloque excéntrico
Día del partido +3
Repetir CK en jugadores señalados en MD+2
Prueba de fuerza rápida o de salto para valorar los isquiotibiales
Decisión sobre trabajo de alta velocidad y esprint junto con prueba de fuerza rápida y exploración
Mañana de descanso a mitad de semana
Cortisol a hora fija al despertar; urea
Carga crónica de 28 días, sueño, viajes, masa corporal
Plan del bloque: descarga, volumen individual, evaluación nutricional
Día del partido −1 y día del partido
Nada de forma rutinaria
—
La alineación se decide con los datos de la semana, no con una muestra previa al partido
Viaje, calor, torneo
Creatinina y electrolitos al llegar (panel de urgencias), urea si procede (panel general); CK en MD+1; mioglobina si hay dolor
Masa corporal, color de la orina, volumen urinario, sueño, duración del vuelo
Rehidratación antes de entrenar; revisión médica el mismo día ante creatinina elevada
Sección 05Calendario congestionado: la ventana de 72 horas
El 9 de noviembre de 2025, en el Foro de Consulta a Jugadores Profesionales de Rabat, la FIFA y más de 30 sindicatos de futbolistas respaldaron un principio de al menos 72 horas de descanso entre partidos y 21 días entre temporadas. El informe de carga FIFPRO de 2024/25 describe el calendario que hizo necesario el principio. La bioquímica de 2023–2026 explica por qué son 72 horas.
La señal de CK no desaparece antes. Los datos de las selecciones juveniles húngaras son los más amplios: la CK el día del partido fue de 309 U/L cuando el anterior había sido menos de tres días antes y de 220 U/L cuando no; los valores absolutos a 24 y 48 horas fueron mayores después de una secuencia congestionada y más días de recuperación entre partidos implicaron menor CK en el siguiente encuentro (Schuth et al., 2026). El cambio relativo del día del partido al siguiente fue mayor entre quienes no tenían congestión, porque partían de un nivel más bajo: el jugador con congestión no responde más, empieza más alto. La cohorte española seguida durante la congestión posterior al confinamiento mostró lo mismo: tres días para volver a la CK previa, más para quienes realizaron más acciones de alta intensidad. Los autores concluyeron que un calendario congestionado puede generar fatiga crónica y elevar el riesgo de lesión (Garcia-Unanue et al., 2024).
El músculo no ha terminado a las 72 horas aunque la CK sí. En 37 futbolistas juveniles de élite seguidos durante 72 horas después de un amistoso (Bernatík et al., Journal of Functional Morphology and Kinesiology, 2026), el rendimiento neuromuscular se recuperó a las 48 horas mientras la CK seguía por encima del basal a las 72. Los datos de isquiotibiales de Barcelona muestran la secuencia inversa para el músculo más relevante: a las 72 horas la tasa temprana de desarrollo de torque y el perfil de expresión génica del bíceps femoral seguían alterados aunque los marcadores generales se habían estabilizado (Cosio et al., 2025; 2026). Durante una temporada se acumula la perturbación: una puntuación sistémica basada en marcadores bioquímicos, hematológicos y metabólicos aumentó trimestre a trimestre en una plantilla profesional, con la mioglobina entre los contribuyentes constantes (Oliveira-de-Souza et al., Sports Medicine, 2026).
La prórroga y los partidos seguidos profundizan el déficit. En 12 jugadores semiprofesionales que completaron 90 y 120 minutos de juego simulado en ocasiones distintas (Field et al., Research Quarterly for Exercise and Sport, 2023), la CK a las 24 horas fue de 455 U/L después de 120 minutos frente a 299 después de 90, y de 244 frente a 154 a las 72 horas; el dolor muscular se mantuvo elevado durante 72 horas en ambos casos. En 20 jugadores que disputaron dos partidos de 120 minutos separados por tres días (Ermidis et al., Medicine and Science in Sports and Exercise, 2024), en el segundo recorrieron menos distancia, alcanzaron menor velocidad máxima e hicieron menos aceleraciones; el glucógeno muscular no se había repuesto al inicio, y CK, dolor y amoníaco eran mayores. Los hidratos de carbono entre partidos restauraron glucógeno y rendimiento. En baloncesto, tres partidos en tres días elevaron la CK cada día, que se recuperó antes en jugadores con minutos moderados que en aquellos con más minutos; el suplemento proteico no mejoró la función muscular (Pantazis et al., Nutrients, 2024).
La consecuencia para el flujo es cambiar el día de la muestra. En un microciclo de siete días se mide la recuperación en MD+2. En uno de tres o cuatro días, MD+2 coincide con MD−1 y la pregunta cambia de «¿se ha recuperado?» a «¿cuánto se aparta de su propio basal del día de partido?». La regla práctica es una CK en la mañana de MD+1, expresada como puntuación z respecto a la distribución MD+1 propia de semanas sin congestión, con minutos jugados y aceleraciones al lado. Los jugadores con mayor exigencia de partido se señalan para una decisión individual sobre la siguiente sesión incluso antes de que llegue la cifra. Las intervenciones de recuperación ayudan menos que el calendario: un metaanálisis de 2026 sobre inmersión en agua fría en futbolistas entrenados (Veen et al.) y un metaanálisis en red de 23 ensayos y 17 intervenciones (Liu et al., Frontiers in Physiology, 2026) encontraron efectos modestos y específicos sobre salto, dolor y CK; ninguno sustituye un tercer día.
Cuando se comprime el calendario, el personal plantea menos preguntas y más precisas. «¿Es una lesión el dolor del lado izquierdo después de este partido?» es más precisa que «¿se ha recuperado la plantilla?»; «¿se aproxima la CK de este jugador a su patrón habitual del día siguiente?» es más precisa que «¿500 U/L es bueno o malo?». La primera lleva a una exploración y, si hace falta, pruebas de imagen el mismo día; la segunda modifica la siguiente sesión. Ninguna requiere una cifra universal y ambas pueden responderse con sangre capilar en una habitación de hotel.
Sección 06En ruta: viajes, torneos, concentraciones, calor e hidratación
Un desplazamiento altera tres partes del protocolo a la vez: reloj, sueño y agua. Una revisión narrativa sistemática de 89 estudios (Benito et al., Sports, 2026) encontró que los viajes largos perturban sueño, hormonas, rendimiento y estado de ánimo; los viajes hacia el este alteran más el ritmo circadiano y los del oeste producen más fatiga. Señaló variabilidad de la frecuencia cardíaca, sueño y cortisol como variables a seguir. En 43 jugadores universitarios de voleibol que cruzaron husos horarios durante una temporada de 15 semanas, frente a 26 compañeros que no viajaron (Gotshalk et al., International Journal of Exercise Science, 2026), el cortisol salival se duplicó de 13 a 26 nmol/L y la frecuencia cardíaca en reposo subió de 57 a 64 latidos por minuto. Incluso un vuelo corto simulado de dos o cuatro horas redujo un 3,5 % la capacidad de esprints repetidos y empeoró un 6 % el tiempo de esprint de diez metros al día siguiente en futbolistas muy entrenados, con IgA salival menor y menos sueño la noche anterior (Stergiopoulos et al., Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports, 2025). Una concentración tiene una huella similar: en ocho jugadores de élite de waterpolo que preparaban Tokio (Botonis y Toubekis, International Journal of Sports Physiology and Performance, 2023), aumentaron juntos la carga interna, la alteración del sueño y el cortisol después de despertar, y dos jugadores enfermaron.
La regla para viajes es sencilla: no comparar el cortisol de una semana de desplazamiento con el basal de casa. Registrar el viaje como factor de confusión, mantener la muestra a la hora de despertar cuando el reloj lo permita y comparar al jugador con sus viajes anteriores. La segunda regla es que el torneo tiene su propio microciclo. Tres partidos en una semana con un vuelo entre ellos son el caso congestionado de la sección 05 más pérdida de sueño. La CK de MD+1 y la mioglobina matutina de los jugadores con dolor son las dos pruebas que sobreviven al calendario, porque ambas pueden hacerse con sangre capilar en un hotel.
Calor e hidratación añaden el riñón. El ejercicio reduce el flujo plasmático renal y modifica la filtración: adaptaciones que se vuelven perjudiciales con deshidratación, estrés térmico o exceso de agua. El esfuerzo prolongado puede elevar transitoriamente la creatinina por degradación muscular y dificultar el diagnóstico de lesión renal. Los antiinflamatorios no esteroideos son un riesgo evitable (Becerra y Mansour, American Journal of Kidney Diseases, 2026). En 18 ciclistas juveniles de competición tras 115 km en carretera (Salazar-Monge et al., Journal of Sports Medicine and Physical Fitness, 2026), urea, creatinina, ácido úrico, potasio, glucosa y lactato subieron con efectos grandes, mientras sodio y cloruro no cambiaron: el disco de química muestra la carga catabólica y renal de una jornada larga incluso con electrolitos normales.
Después de hacer ejercicio con calor, la sangre reflejó la deshidratación mejor que la orina. En 38 deportistas con baja ingesta habitual de agua que se deshidrataron al correr con un índice de calor cercano a 30 °C (Francisco et al., Clinical Nutrition, 2024), sodio y osmolalidad séricos detectaron una pérdida del 2 % de masa corporal con áreas bajo la curva de 0,87 y 0,91; la osmolalidad salival alcanzó 0,87 y los índices urinarios y la sed tuvieron una utilidad limitada. El resultado procede de ejercicio controlado con calor; después de un vuelo, el mismo sodio se interpreta con la masa corporal y los valores previos del jugador. El déficit se mantiene al día siguiente: 28 hombres de deportes de equipo que bebieron libremente durante y después de 110 minutos de carrera intermitente todavía pesaban un 0,6 % menos que su basal 20 horas después y tenían osmolalidad urinaria elevada (Funnell et al., Physiology and Behavior, 2023). Cuando no es práctico extraer sangre a toda la plantilla cada mañana, el diagrama de Venn de peso, color de orina y sed concuerda con densidad urinaria, osmolalidad urinaria y plasmática cuando coinciden dos o tres de sus marcadores (Keefe et al., British Journal of Nutrition, 2024). Entonces el disco de química confirma el hallazgo del jugador señalado.
El calor también cambia los umbrales de alarma. Entre 321 militares estadounidenses ingresados por rabdomiólisis de esfuerzo (Oh et al., BMJ Military Health, 2024), el 60 % de los casos se asociaron al calor y presentaron CK inicial mucho más baja que los debidos solo al esfuerzo: 6.528 frente a 19.247 U/L. La estancia se correlacionó con el máximo de CK, y los autores concluyeron que la rabdomiólisis asociada a enfermedad por calor es una entidad distinta. En 62 casos de golpe de calor por esfuerzo (Goodwin et al., Journal of Applied Physiology, 2024), las mujeres alcanzaron la misma temperatura central que los hombres, pero tuvieron máximos de creatinina y CK menores y pasaron la mitad de tiempo ingresadas. Con calor, una CK aparentemente moderada no excluye un caso grave; deciden la creatinina y la evaluación clínica.
Sección 07Señales de alarma: rabdomiólisis de esfuerzo, riñón y corazón
Un programa de seguimiento también cumple una función de detección y necesita una escala de actuación ante las tres urgencias que puede encontrar.
Rabdomiólisis de esfuerzo. El diagnóstico es clínico: dolor muscular intenso, debilidad u orina oscura después del ejercicio junto con una CK muy elevada, convencionalmente al menos cinco veces el límite superior de referencia. La cohorte multicéntrica de Oslo de 2026, con 136 pacientes de urgencias cuyo desencadenante fue el ejercicio (Vangstad et al., BMJ Open Sport and Exercise Medicine, 2026), un 78 % después de entrenamiento de fuerza, encontró que cinco (4 %) desarrollaron lesión renal aguda. Todos tenían creatinina elevada al ingreso y ningún paciente con creatinina normal al ingreso progresó en esa cohorte. Una relación mioglobina/CK de 0,48 o más fue el mejor marcador complementario de alto riesgo, con especificidad del 99 %. Una revisión sistemática de 65 casos individuales de deportistas (AlHumaidan et al., Cureus, 2026) muestra el otro extremo: CK máxima mediana de 55.000 U/L, lesión renal aguda en el 75 %, diálisis en el 22 % y recuperación renal completa en el 95 %; solo el 5 % eran profesionales. La vigilancia militar estadounidense registró 521 casos en personal activo en 2025, y una revisión sistemática de casos militares de 2023 encontró máximos de CK entre 1.040 y 410.755 U/L, afectación renal en el 28 % y muerte en el 8 %, con entrenamiento intenso no planificado, calor, poca agua y carga del equipamiento como factores recurrentes (Dantas et al., Reviews on Environmental Health, 2023). Entre 19 infantes de marina brasileños que completaron un curso anfibio en montañas tropicales (Verdan et al., Journal of Nephrology, 2026), todos desarrollaron rabdomiólisis de esfuerzo según CK, LDH, mioglobina y AST; nueve presentaron lesión renal aguda, todas prerrenales según las relaciones urinarias de sodio y potasio, y la CK se aproximó al basal a los siete días.
La regla de actuación deriva de los datos de Oslo: una CK en miles lleva a medir mioglobina, creatinina y electrolitos ese mismo día, y el médico los interpreta con síntomas y orina. Una creatinina elevada o una relación mioglobina/CK igual o superior a 0,48 es una señal sólida de riesgo renal y requiere valoración médica ese día; una creatinina normal y una relación baja no descartan el problema si el jugador presenta dolor intenso, debilidad u orina oscura. Potasio y sodio salen del mismo disco del panel de urgencias y la urea de un disco de química general; juntos dan al nefrólogo la información que necesita.
El riñón sin rabdomiólisis. La creatinina sube con la deshidratación y la degradación muscular; la urea, con el catabolismo proteico y la deshidratación. Su relación y el contexto clínico los distinguen. Rigen las reglas de viaje y calor de la sección 06. Un jugador que llega de un viaje largo con creatinina elevada recibe valoración médica el mismo día respecto a sus resultados previos, síntomas y volumen urinario; rehidratar y repetir la prueba forma parte de esa valoración, no justifica esperar.
El corazón. La troponina no es un marcador de seguimiento. Después del ejercicio supera el límite superior de referencia en el 36 % de los deportistas de 129 estudios, el 58 % con ensayos de alta sensibilidad, y alcanza su máximo a las 3–6 horas (Stekelenburg et al., European Journal of Preventive Cardiology, 2026). Un seguimiento de diez años de corredores aficionados de maratón no halló asociación entre el aumento posterior a la carrera y la función ventricular posterior (Schindler et al., JAMA Cardiology, 2026). El médico la solicita por síntomas torácicos, intolerancia al ejercicio tras una infección viral, retorno al juego después de miocarditis o un aumento después del ejercicio que no haya bajado a las 72 horas, e interpreta ambas isoformas: la macrotroponina produjo troponina I falsamente positiva en 16 de 18 deportistas con valores altos tras COVID-19 (Hammerer-Lercher et al., Clinical Chemistry and Laboratory Medicine, 2025) y en un ciclista profesional con troponina T normal (Popelier et al., European Heart Journal Case Reports, 2026). En rabdomiólisis y enfermedad por calor no se puede trasladar el modelo de elevación benigna tras resistencia; la interpretación exige isoforma, cinética, ECG e imagen (Dean et al., PM&R, 2026). El flujo proporciona al médico la prueba en el lugar, no entrega la decisión a otra persona.
Sección 08Retorno al juego tras una lesión muscular y tras una enfermedad
El retorno al juego es una decisión clínica basada en imagen, pruebas de fuerza y síntomas. La bioquímica contribuye en dos momentos.
El primero es el día en que se sospecha la lesión. Durante la temporada estudiada por Saita y sus colegas con 30 jugadores (2025), la mioglobina de la mañana siguiente separó a los nueve con distensión confirmada por RM, media 124 ± 88 ng/mL, de los 15 con agujetas o calambre, 50 ± 30 ng/mL, con un punto de corte ROC de 60,3 ng/mL. En un jugador con dolor, un valor superior es una razón sólida para hacer pruebas de imagen el mismo día en vez de perder una sesión; el médico decide con la exploración y el mecanismo, y un valor inferior no excluye la distensión. El segundo momento es la trayectoria durante la rehabilitación. La CK y la mioglobina deben bajar al basal propio y mantenerse allí mientras se reintroduce la carga excéntrica; una subida después de una sesión de rehabilitación que supera la respuesta habitual del deportista es una señal objetiva de progresión demasiado rápida, interpretada como una hinchazón o una pérdida de amplitud de movimiento. Los datos de isquiotibiales de la sección 04 explican por qué la sangre sola no autoriza el retorno: la fuerza rápida y el transcriptoma muscular seguían alterados 72 horas después de un partido en jugadores sanos, de modo que una CK normal después de rehabilitación significa que se toleró la carga metabólica, no que el tejido esté listo para esprints.
Después de una enfermedad, los papeles se invierten y el médico toma la dirección. Un editorial de 2024 en British Journal of Sports Medicine sobre pruebas en el punto de atención para infecciones respiratorias en deportistas (Hull et al.) plantea el marco para diagnóstico in situ en la consulta médica; tras una infección viral, la pregunta bioquímica es cardíaca y se aplican las reglas de troponina de la sección 07. La disponibilidad energética baja constituye un problema más lento. Una revisión sistemática de 2026 de 13 estudios experimentales de baja disponibilidad energética a corto plazo en deportistas (Guisado-Cuadrado et al., Scandinavian Journal of Medicine and Science in Sports) encontró cambios tempranos en marcadores de remodelación ósea, caída constante de leptina y descenso de testosterona en la mitad de las intervenciones, mientras IGF-1 y T3 permanecieron mayormente estables. Un aumento de cortisol en un jugador que también pierde peso tiene una causa distinta del mismo aumento con calendario congestionado; el nutricionista debe participar en la reunión que lo interpreta.
Sección 09Quién interpreta cada resultado y cómo se decide la carga
Un flujo bioquímico falla más a menudo por las funciones del personal que por la química. La literatura de 2023–2026 no estudia organigramas, pero define la estructura de decisión: el seguimiento apoya las decisiones, no determina los resultados (Rebelo et al., 2026); el significado de un biomarcador depende de la decisión a la que sirve (Mănescu et al., 2026); los intervalos individualizados son una alerta temprana que requiere cuidado para evitar usos erróneos (Daniels et al., 2025). De esas tres ideas nace el reparto de tareas.
El médico del equipo se encarga de toda cuestión médica: escala de rabdomiólisis, riñón, troponina, autorización del retorno al juego y enfermedad. Solicita troponina y la interpreta con el ECG, decide la derivación a urgencias si la CK está en miles y la creatinina elevada, y firma el retorno del jugador lesionado. Los datos médicos permanecen en manos del personal sanitario.
El fisiólogo o científico del deporte se encarga de los valores basales, las puntuaciones z y la integración. Mantiene la distribución de cada marcador para cada deportista y cada día del microciclo, convierte cada resultado en una desviación, lo une a la carga GPS y al cuestionario de bienestar y produce la hoja semanal de disposición. En las selecciones húngaras, un modelo de aprendizaje automático construido con datos GPS o perfiles de movimiento predijo la CK de la mañana siguiente con R² cercano a 0,6 y un raíz del error cuadrático medio (RMSE) de unos 140 U/L en 444 jugadores y 8.570 registros; el modelo general superó a los modelos individuales para el 73 % de los jugadores (Schuth et al., International Journal of Sports Physiology and Performance, 2024). Esa es la herramienta del fisiólogo: la CK esperada según la carga, frente a la cual se interpreta si la CK medida sorprende.
El preparador físico y el entrenador principal reciben un semáforo por jugador con una línea de contexto, no una hoja llena de enzimas. Deciden la sesión: contenido, volumen, quién no hace el bloque excéntrico y quién juega 60 minutos.
El nutricionista interpreta juntos urea, creatinina, sodio y evolución del peso y se encarga de las alertas de hidratación y disponibilidad energética.
El fisioterapeuta es el primero en interpretar la mioglobina de la mañana siguiente en jugadores con dolor y quien solicita la prueba.
La decisión sigue reglas escritas, acordadas antes de la temporada y aplicadas en una breve reunión programada para el día de recuperación. Una versión práctica, coherente con los umbrales de la sección 03:
Verde. Todos los marcadores controlados dentro de la banda basal del deportista para ese día del microciclo; bienestar en su intervalo habitual. Entrenar según el plan.
Ámbar. Un marcador fuera de la banda propia, por ejemplo una puntuación z de CK superior a 2 en MD+2, o cortisol por encima del basal al despertar en una segunda mañana consecutiva, o una baja puntuación de bienestar con sangre normal. Modificar la siguiente sesión, normalmente la parte excéntrica y de alta velocidad, registrar la decisión y repetir la prueba la mañana siguiente. Dos ámbares seguidos llevan a consultar al médico.
Rojo. Un umbral médico: CK más de cinco veces el límite superior con síntomas, medir mioglobina y creatinina ese mismo día; mioglobina sobre el punto de corte de distensión en un jugador con dolor, revisión médica y decisión sobre pruebas de imagen el mismo día; una cuestión de troponina; sodio o creatinina fuera del intervalo clínico después de viaje o calor. Decide el médico; el cuerpo técnico recibe el resultado de la decisión, no las cifras.
Dos casos prácticos muestran las reglas en acción.
Un jugador refiere una nueva molestia isquiotibial el domingo por la mañana. El personal de rendimiento aporta minutos, esprints y desaceleraciones del sábado y puntuaciones previas de dolor muscular. El fisioterapeuta solicita mioglobina capilar a un intervalo documentado después del partido; el médico explora la zona, el mecanismo, la fuerza y el rango de movimiento en el contexto de los antecedentes del jugador. Una mioglobina sobre el punto de corte de distensión junto con una exploración compatible lleva a pruebas de imagen el mismo día; un valor bajo no anula una exploración convincente, y la CK esa mañana con repetición el lunes describe el curso más lento. Se decide si hacer pruebas de imagen, restringir la carga y reevaluar, y se registra con la cifra que apoyó la decisión.
Un jugador fatigado tras un viaje no tiene dolor focal. Cruzó husos horarios, durmió mal y completó una sesión de alta carga. Un cortisol obtenido a una hora biológica distinta no se compara con el de la semana anterior, de modo que primero se registran sueño, enfermedad, ingesta, estrés percibido y carga real. Si el club sigue un protocolo longitudinal de cortisol, una repetición en condiciones comparables se suma a la tendencia; si no, la primera medida más útil es el cuestionario de recuperación y una conversación. El entrenador recibe la implicación para el entrenamiento acordada por el equipo médico, no una concentración hormonal.
Tres hábitos protegen el sistema de sí mismo. Primero, ninguna cifra aislada, por impresionante que sea, decide nada salvo una repetición o una valoración médica; los datos de Tamujo recuerdan que la CK alta no es un pronóstico. Segundo, sangre y cuestionario se interpretan juntos porque discrepan en una minoría identificable: en 189 jugadores de balonmano de élite seguidos 45 semanas (Drole et al., Frontiers in Psychology, 2024), hormona y cuestionario de estrés coincidieron en la mayoría, pero no en todos; en deportistas profesionales de artes marciales mixtas durante tres semanas de fuerza (Ostapiuk-Karolczuk et al., Scientific Reports, 2025), los marcadores bioquímicos se recuperaron en parte mientras persistía la fatiga subjetiva. El equipo debe saber qué jugadores pertenecen a cada grupo. Tercero, el perfil esteroideo depende de la carga y se integra en la lógica del Pasaporte Biológico del Deportista: en 27 jugadores de Serie A, las sesiones de alta carga alteraron glucocorticoides libres y andrógenos lo suficiente para que el entrenamiento reciente deba conocerse antes de interpretar una cifra (Ponzetto et al., Sports Medicine, 2026). Un programa de cortisol se documenta como un historial médico, no como una exportación GPS.
Sección 10Aplicar el flujo de trabajo con dos analizadores compactos
Todo lo anterior presupone que la sangre puede analizarse donde está el equipo, en la mañana en que importa y por las personas que actuarán según el resultado. Dos tipos de instrumentos lo hacen posible; sus especificaciones determinan la logística.
El componente de química clínica es un instrumento que mide numerosos marcadores en una sola muestra. El Klinogicare® StarLab Biochem analiza un panel de 9, 13 o 19 parámetros a partir de 100 microlitros de sangre entera, suero o plasma, en un único disco microfluídico y en 7–13 minutos. Su panel clínico de urgencias reúne en una prueba la cuestión muscular y la primera cuestión renal: CK, CK-MB, AST, LDH y α-HBDH para el músculo; creatinina y ácido úrico para el riñón; sodio, potasio, cloruro y CO₂ total para el equilibrio de líquidos; glucosa y amilasa. La urea figura en los paneles de química general, junto con las enzimas hepáticas, proteínas y lípidos, para evaluar el catabolismo y realizar ocasionalmente un estudio amplio. El instrumento pesa 2,9 kg, está listo en tres minutos e imprime el resultado.
Klinogicare® StarLab Biochem con su disco de reactivos: una muestra de 100 microlitros y un panel de química clínica de 9, 13 o 19 parámetros en 7–13 minutos.
El componente de inmunoanálisis es un instrumento que analiza un marcador en hasta seis muestras. El Klinogicare® StarLab Hormones & Proteins analiza hasta seis muestras de 50 microlitros obtenidas de la yema del dedo o el lóbulo de la oreja para un marcador elegido por ciclo —mioglobina, cortisol, troponina I de alta sensibilidad o troponina T— en unos diez minutos, con discos de fluorescencia de un solo uso conservados a 2–25 °C. Para analizar un marcador en 24 jugadores se necesitan cuatro ciclos: unos 40 minutos de funcionamiento, más el tiempo de recogida y carga. Pesa 4,9 kg y funciona en la sala de tratamiento o en el hotel.
Klinogicare® StarLab Hormones & Proteins: hasta seis muestras capilares de 50 microlitros para un marcador por ciclo, mioglobina, cortisol o una troponina cardíaca, en unos diez minutos.
Los dos instrumentos se reparten la semana igual que los marcadores. El disco del panel de urgencias sirve para estudiar la CK de toda la plantilla en MD+1 y MD+2 y para medir creatinina y electrolitos durante los viajes y con calor; se añade un disco de química general cuando hace falta la urea. El inmunoanalizador sirve para estudiar a la mañana siguiente a los jugadores que refieren dolor, medir el cortisol a mitad de semana en quienes siguen un programa hormonal y medir la troponina cuando lo indica el médico. Las reglas preanalíticas de la sección 03 se convierten en una lista pegada al maletín: misma hora, mismo lugar de extracción, mismos minutos sentado, disco a temperatura ambiente y resultado registrado frente al valor basal del jugador antes de comentarlo. El control de calidad se realiza y registra según el calendario del fabricante, porque una desviación del instrumento parece exactamente una desviación de la plantilla.
Un único formulario puede reunir los resultados de los dos instrumentos, pero debe conservar sus diferencias. La CK del disco de química y la mioglobina del inmunoanálisis tienen cinéticas distintas, el cortisol depende de las condiciones de recogida y la troponina es una prueba clínica. Una columna llamada «marcadores de recuperación» que mezcle los cuatro elimina precisamente la distinción que permiten los dos aparatos. La misma disciplina rige la solicitud: un panel hecho simplemente porque es lunes se interpreta peor que uno hecho porque la recuperación de un jugador es atípica. La pregunta se escribe en el formulario antes de introducir el disco.
La capacidad de análisis determina el plan. En una plantilla de 24 jugadores con un microciclo de siete días y un programa de CK se utilizan 24 discos de química en MD+2, más los correspondientes a los jugadores señalados para repetir en MD+3. Un programa de mioglobina para quienes refieren dolor suele requerir cada mañana un ciclo de inmunoanálisis de hasta seis discos. Un programa de cortisol durante un bloque requiere un ciclo por cada seis jugadores en la mañana de descanso elegida. El control renal al llegar de un viaje largo, o en una concentración con calor, necesita un disco del panel de urgencias por jugador en riesgo y otro de química general para quienes necesitan medir la urea. Un equipo que calcula esas cantidades antes de la temporada pide suficientes kits y no tiene que elegir entre el marcador y el presupuesto la mañana en que un jugador refiere dolor.
Sección 11Qué respaldan los datos de 2023–2026: cinco reglas
El valor basal es la medida de referencia. Los intervalos individualizados redujeron el error de la clasificación de la recuperación basada en CK del 64–67 % al 19–21 % en 161 futbolistas profesionales, y los intervalos individuales adaptativos superaron a los estáticos en una plantilla de la Premier League. De tres a cinco muestras en días de descanso por marcador, a la misma hora, con la misma matriz y el mismo dispositivo; usar una puntuación z o el valor de cambio de referencia como umbral.
El microciclo asigna cada marcador a su día. Mioglobina a la mañana siguiente del partido en jugadores que refieren dolor; CK en MD+1 y MD+2, acercándose al valor basal en MD+3 en algunas cohortes de élite, pero todavía elevada en otras y en los jugadores con más aceleraciones y desaceleraciones; cortisol y urea en una mañana de descanso a mitad de semana, comparados con el mes; nada rutinario en MD−1 ni el día del partido.
La acumulación de partidos se interpreta como nivel, no como respuesta. En 188 jugadores de selecciones nacionales juveniles de élite, la CK del día de partido fue de 309 frente a 220 U/L cuando había menos de tres días de recuperación; los partidos de 120 minutos y los encuentros seguidos elevan y prolongan la señal; la capacidad de generar fuerza rápidamente de los isquiotibiales y el transcriptoma muscular seguían alterados a las 72 horas. La muestra de recuperación pasa a MD+1 y los jugadores con mayor exigencia se señalan antes de conocer el resultado.
Los viajes y el calor incorporan el riñón y la hidratación al protocolo. Después de correr con calor, el sodio y la osmolalidad séricos detectaron una deshidratación del 2 % con áreas bajo la curva de 0,87 y 0,91 mientras que los índices urinarios y la sed tenían una utilidad limitada; deportistas de equipo seguían hipohidratados 20 horas después de una sesión; la rabdomiólisis asociada al calor se presentó con una CK más baja; en la cohorte de Oslo, la creatinina al ingreso y la relación mioglobina/CK identificaron el riesgo renal.
La decisión es un proceso con responsables definidos. El médico se encarga de las señales de alarma, la troponina y el retorno al juego; el fisiólogo se ocupa de los valores basales y la integración; los entrenadores reciben un semáforo; ningún valor decide por sí solo; la sangre y el cuestionario se interpretan juntos; las reglas se escriben antes de la temporada.
La regla que resume las cinco es breve: la prueba adecuada es la mínima que responde a la siguiente pregunta real. Para lograr esa sencillez, el equipo establece valores basales, mantiene constantes la hora y el método, documenta la carga y asigna cada resultado a quien puede actuar en consecuencia.
Sección 12Preguntas frecuentes sobre un flujo de seguimiento bioquímico
¿Cuántas muestras forman el valor basal y con qué frecuencia debemos renovarlo?
De tres a cinco muestras por marcador en días de descanso, tomadas a la misma hora durante la pretemporada o las primeras semanas sin acumulación de partidos, permiten calcular una media y su dispersión. La respuesta del cortisol al despertar varió considerablemente entre mañanas consecutivas en jugadores de rugby de élite, y la CK tiene una distribución no normal con gran variabilidad individual; por tanto, una muestra es un dato puntual, no un valor basal. Este se vuelve a establecer tras una lesión prolongada, después de la pausa entre temporadas y cuando cambia el lugar de extracción, el instrumento o la hora, porque cualquiera de esos cambios puede parecer un cambio del deportista.
¿Qué día de la semana debemos extraer sangre y a cuántos jugadores?
Para CK, el segundo día después del partido en una semana normal y el primero cuando se acumulan encuentros, en toda la plantilla o en los jugadores que disputaron más de 60 minutos. Para mioglobina, la mañana siguiente al partido en quienes refieren dolor muscular, porque un valor superior a unos 60 ng/mL se asoció con un odds ratio (OR) de 32 de distensión confirmada. Para cortisol, una muestra a una hora fija al despertar, en una mañana de descanso a mitad de semana, de los jugadores incluidos en un programa hormonal, comparada con los valores del mes. Nada rutinario el día anterior al partido ni el día del partido: entonces el cortisol refleja la anticipación y la CK no añade nada a los datos de la semana.
¿Puede una CK alta indicar quién se lesionará la semana siguiente?
No. En 1.656 participaciones de jugadores y 229 lesiones musculares de futbolistas profesionales, la CK del segundo día después del partido fue mayor antes de las lesiones, pero tuvo una sensibilidad del 56 %, una especificidad del 55 % y un área bajo la curva de 0,557. La CK indica al personal cuánto se aleja el jugador de su propio patrón posterior al partido y si el calendario acumula carga; no predice una lesión y un valor normal por sí solo no autoriza a jugar. La decisión de modificar una sesión procede de la tendencia frente al valor basal individual, interpretada con la carga GPS y el cuestionario de bienestar, no de una cifra aislada.
¿Qué analizamos en un desplazamiento o un torneo?
Dos pruebas que caben en una habitación de hotel y en una muestra del dedo: CK a la mañana siguiente de cada partido, comparada con la distribución individual después de los encuentros, y mioglobina para los jugadores que refieren dolor. Tras un vuelo largo o con calor, se añade el panel renal y de hidratación: creatinina, urea, sodio y potasio. Después de correr con calor, el sodio sérico detectó deshidratación mientras que los índices urinarios y la sed tenían una utilidad limitada, y la rabdomiólisis asociada al calor se presenta con una CK menor de la cifra de los manuales. Después de un vuelo, los valores se interpretan junto con la masa corporal y los resultados previos del jugador. El cortisol de una semana con viajes se registra considerando el viaje como factor de confusión y se compara con los desplazamientos anteriores del jugador, no con el valor basal en casa.
Si el salto y el esprint han vuelto a la normalidad, ¿por qué mirar la sangre?
Porque los distintos ámbitos se recuperan a diferentes velocidades. En 22 futbolistas de élite, tras un partido estandarizado, el salto y el esprint se habían recuperado a las 48 horas, mientras que la CK, LDH, mioglobina y el dolor muscular seguían por encima del valor basal; y en 19 futbolistas la capacidad de los isquiotibiales para generar fuerza rápidamente todavía no se había recuperado a las 72 horas, cuando la fuerza máxima ya había vuelto. La función normal muestra lo que el jugador puede hacer en la siguiente sesión; la sangre muestra si el músculo todavía arrastra la carga anterior. Ninguna responde sola: junto con la exploración, indican al personal qué jugador puede hacer el bloque excéntrico y cuál lo hará dos días después.
Referencias
Nota metodológica. El 4 de noviembre de 2026 se consultó PubMed con doce búsquedas sobre modelos de seguimiento de deportistas, bioquímica del microciclo y calendarios congestionados, intervalos de referencia individualizados y variación biológica, hidratación y electrolitos, pruebas en el punto de atención, retorno al juego y lesión muscular, sobrecarga funcional (overreaching) y disponibilidad energética, viajes y calor, enzimas musculares y urea, decisiones del personal, predicción mediante aprendizaje automático y declaraciones de consenso; cada búsqueda se combinó con términos relativos a deportistas y deportes de equipo y se limitó a estudios en humanos publicados entre 2023 y 2026 (1.209 registros únicos). Se reutilizaron estudios citados en nuestros artículos de mayo y noviembre de 2026 cuando aportaban datos; las fuentes públicas se localizaron mediante búsqueda web y se contrastaron con las páginas originales. Todos los DOI y registros de PubMed se verificaron el 4 de noviembre de 2026.
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Trabajos anteriores citados en el prólogo
Klinogicare® Research.Myoglobin, cortisol and cardiac troponin in professional sport: what 2023–2026 research says about the hours after the load, the weeks of the season and the heart.Klinogicare® Publications, 3 November 2026.Leer
Klinogicare® Research.Creatine kinase in football and team sports: what 2025–2026 research says about muscle load, recovery and injury risk.Klinogicare® Publications, 3 November 2026.Leer
Klinogicare® Research.Objective assessment of athlete readiness: biomarkers for load monitoring and injury-risk reduction.Klinogicare® Publications, 20 May 2026.Leer
Fuentes públicas (federaciones, clubes, vigilancia y medios)
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FIFPRO.Player Workload Monitoring 2024/25: Men's Football Report.2025.Fuente
Austin S.How top clubs are leveraging blood data.Training Ground Guru, 11 December 2025.Fuente
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Armed Forces Health Surveillance Division.Exertional rhabdomyolysis among U.S.active component service members, 2021–2025. MSMR. 2026.Fuente
Cómo citar este artículo
Klinogicare® Research (2026). Un flujo bioquímico para un equipo profesional: qué marcador medir cada día del microciclo, durante los viajes y en un torneo, quién interpreta el resultado y cómo se decide la carga. Klinogicare® Publications, 4 de noviembre de 2026. https://klinogicare.es/biochemical-monitoring-workflow-team-sport-2026/